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Con monedas en los ojos me despido. Del muérdago caído en ese invierno que no fue. De los labios rojos que rehuyeron los míos. De la gloria que conquisté y se disipó frente a mis ojos.

En la pira que arde, la leyenda que se crea entre letras, se quema y se deshace; asesinado a manos de mí mismo, de mi alter ego, de ese que fui y decidí no ser. Paris fui, Aquiles me iré.

Hoy la gloria me sabe a hojas de té, a seco y a guardado. La sangre que corría sobre mi piel, empapándome de siglos futuros, se ha secado al caer sobre la tierra y las cenizas de Troya. La flecha mal habida de los dioses, ha puesto punto final a la epopeya, y yo, con ese punto, he de terminar.

Creonte, navega tu barca y acércame a la orilla, llévame a ese punto de los ídolos, donde Patroclo me espera por un nuevo festín. He renunciado a la ambrosía y a la eternidad, porque los dioses son impávidos y crueles.

Aquiles me iré. Con monedas en mis ojos he de divisar la gloria eterna que me espera en sus recuerdos, en sus manos, en su voz. Aquiles seré cuando me piense y se acaricie, cuando susurre el nombre de ese Paris que ya fue.

Paris persigue a una mujer, pero yo... Yo persigo la gloria.


(2017)
 

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